Hay muchas formas de conocer a un escritor. Podemos preguntarle por sus libros, sus personajes o de dónde saca las ideas. Pero seamos sinceros, esas preguntas ya se las han hecho mil veces. En Vuena nos apetecía probar algo diferente.
Por eso estrenamos esta sección de entrevistas con una intención bastante sencilla: descubrir a las personas que se esconden detrás de las historias. Sus manías, sus opiniones, sus anécdotas y esas pequeñas rarezas que difícilmente aparecen en una biografía de autora.
Y para inaugurarla tenemos a Rocío del Barco Redondo, escritora, traductora y correctora editorial. Es autora de La quinta estrella, una novela de fantasía oscura donde los poderes determinan mucho más que las habilidades de sus personajes, y de Hotel Tournesol, una historia de terror que probablemente te quite las ganas de alojarte en determinados hoteles.
Además, tengo la suerte de conocerla personalmente, así que me he permitido preparar las preguntas con un poquito más de confianza. Aunque, después de enviarle la primera, sospecho que estuvo a punto de replantearse nuestra amistad.
Hemos hablado de superpoderes bastante poco prácticos, personajes con motivos para denunciar a su creadora, los entresijos de la autopublicación y algunas confesiones que no me esperaba.
1- Vamos a empezar fácil, o eso parece. Preséntate sin decir que eres escritora, traductora ni correctora. ¿Quién es Rocío cuando no tiene un libro entre manos?
Bueno, pues hola a todos. Yo soy Rocío del Barco Redondo, una chica en sus veinte que siempre está intentando reinventarse de una manera o de otra.
Soy una persona creativa, tranquila y a la que le gusta estar metida siempre en muchos mundos a la vez.
Pero, aparte de todo lo que ya es obvio por lo que estoy en esta entrevista, soy una amante de la actuación, del cine, en especial del terror.
Y bueno, todas mis pasiones fuera de este ámbito me han llevado un poco a la persona que soy hoy.
2- Tienes 24 años. ¿En qué cosas eres una señora de 80 y en cuáles sigues siendo una niña de cinco?
Bueno, sin duda, soy una señora de ochenta años en todo lo que implique el tema de sociabilizar. No es que no me guste, me gusta en una cierta medida, porque siempre he sido una persona muy tímida e introvertida.
Pero a mí dame un plan de mañana o de tarde, y si es a tomar un café, mejor. No me des noche, no me des ruido, por favor, te lo pido, que a mí me gusta la paz y la calma. Dame un plan tranquilo.
Y bueno, en cuanto a niña, creo que lo que sigo teniendo es la ilusión de una niña por todo lo que me apasiona. Yo me lo paso genial en cualquier ámbito de la escritura, con mis gustos y mis aficiones.
Y cuando las vivo, creo que se me olvida un poco que ya soy adulta, porque las experimento de una manera muy intensa. Como si, no sé, como si en el momento en que las vivo fueran lo único que hay en mi vida.
3- ¿Qué es lo más absurdo que te hace feliz? Algo de esas pequeñas tonterías que pueden arreglarte un día de mierda.
Yo soy de las personas a las que, la verdad, cualquier cosa, como tú dices, una tontería o algo insignificante, me viene genial y me anima el resto del día.
Desde que hayan puesto una película que me encanta de nuevo en una plataforma de streaming que yo tengo, para poder volver a verla, un capítulo nuevo de una serie que me encanta o incluso… Bueno, a mí me encanta la comida, entonces comer algo rico, comer algo que me apetece desde hace mucho tiempo o igual beber algo así, a mí me hace muy feliz y puede mejorar un día completamente.
4 – Trabajas como correctora editorial, así que tengo curiosidad: ¿eres de las que ve una falta de ortografía en un cartel y ya no puede mirar otra cosa, o sabes desconectar el modo correctora cuando terminas de trabajar?
Me encanta, de verdad, que me toques ese tema, porque parecerá una tontería o parecerá que los correctores y las correctoras queremos ser unos tiquismiquis, pero cuando digo que realmente es algo que vivo mal, es porque no me gusta estar pendiente de las faltas. Pero digamos que es deformación profesional.
Esto no me pasa con carteles de negocios, a mí los negocios me dan igual, pero sí que me pasa con libros. Libros de autores tanto desconocidos como conocidos y amigos, que es por lo que más me duele.
Ver varias faltas en un libro de alguien, cuando me estoy leyendo ese libro porque quiero apoyar a esa persona, muchas veces porque la conozco personalmente, me hace estar en una batalla con mi propia mente al ver errores que yo no puedo arreglar en el momento y decir: «Venga, vamos a continuar la lectura».
Me hace desconectar totalmente. Obviamente, un par de errores aquí y allá, no. Pero cuando veo varios errores por falta de, obviamente, por falta de un corrector, se me hace muy difícil separar mis estudios de mis pasatiempos. Muy, muy complicado.
Y siento que cada día va a más, porque obviamente cada día aprendes más en todos los ámbitos y más te cuesta separar el ver una lectura con muchos errores de querer leerla simplemente.
5- Vamos a meterte en un pequeño lío. ¿Qué moda, tópico o costumbre del mundo literario no soportas, aunque parezca que a todo el mundo le encanta?
Bueno, pues yo lo que no soporto son dos cosas por igual. Una es por parte de los lectores y otra por parte de los autores.
No soporto a los lectores, o posibles lectores, que te piden una colaboración nada más has sacado un libro que lleva publicado tres minutos. Sobre todo cuando no son cuentas influyentes, ni siquiera se han leído la sinopsis, porque lo veo simplemente como un intento de aprovechamiento hacia personas humildes como somos los autopublicados, que nos comemos todo el proceso y que no tenemos grandes recursos para hacer cosas o regalar libros, como podría hacer una editorial, por ejemplo.
Y de parte de los autores, bueno, yo que tengo experiencia en ferias literarias, en este caso con mi asociación LiteratureLX, sí que es verdad que, al moverme, he visto que autores externos a nuestra asociación, por ejemplo, que se han apuntado al evento, etcétera, sin decir nombres, pueden tener un tipo de venta demasiado agresiva.
Llamar a un posible lector desde lejos, sin que ni siquiera quiera él pasarse por la feria, o decir que tu libro lo tiene todo. Si a esta persona le gusta la romántica, pues mi libro tiene romántica. Si a esta persona le gusta el misterio, de repente mi libro tiene misterio, aunque no lo tenga originalmente.
Mentir o hacer de todo para conseguir ventas de manera agresiva lo veo una práctica que, como dice el nombre, es agresiva y deja muy mal a los autores que somos humildes y hablamos de nuestro libro con la persona que nos pregunta, y contamos la realidad y no una ficción con tal de hacer un poco de dinero.
6- En La quinta estrella, los alumnos tienen poderes y una jerarquía que determina su lugar en la academia. Si acabaras allí, ¿qué poder te gustaría tener y cuál crees que te tocaría realmente? Porque una cosa es querer controlar el fuego y otra que tu gran talento sea encontrar calcetines desaparecidos.
Bueno, me encanta esta pregunta, la verdad.
Si yo tuviera que elegir un poder, quizás ahora, de crear tantos diferentes, no se me ocurre ninguno nuevo. Pero, por ejemplo, tengo dos personajes, uno es Leo y otra es Maira, y ambos controlan fuerzas de la naturaleza. Leo controla el agua y Maira controla las plantas.
Entre ellos, es que cada uno puede crear esas dos fuentes, digamos, de vida de forma natural. Me parece un poder increíble y súper explorable.
Pero sí que es verdad que, como yo hice esta novela basando al protagonista, Darcy, en mí misma de adolescente, seguramente me tocaría algún poder que quizás es útil, pero que yo no sepa controlar muy bien.
Tipo tener el poder de teletransportarme, pero no saber dónde me teletransporto, por ejemplo.
7- Has creado personajes que viven situaciones bastante horribles. Si pudieran salir de tus libros y sentarse contigo a tomar un café, ¿cuál crees que tendría más motivos para denunciarte?
Creo yo que, sinceramente, no me podría sentar a tomar un café con mis personajes de La quinta estrella, porque la mayoría son adolescentes a los que he puteado de forma seguida, una tras otra.
Y todos sabemos que los adolescentes son muy intensos, tanto para lo bueno como para lo malo. Entonces, no sé yo si podría sentarme a tener una conversación con ellos.
En todo caso, Darcy sería el primero que yo creo que él, como es tan tranquilo, simplemente me diría: «¿Qué necesidad tenías? En plan, ¿por qué? Explícamelo». Y yo no sabría por qué explicárselo.
Y yo creo que sus amigos, que son un poco más cañeros y tienen un poco más de, digamos, energía que Darcy, simplemente me dirían que soy un ser malvado y oscuro. Lo cual es verdad, pero contando con que ellos son ficción, totalmente.
Porque si tuviera que sentarme con ellos, acabaría mal la cosa.
8- En Hotel Tournesol tenemos un hotel aislado, artistas y un ambiente bastante inquietante. Ahora imagina que tienes que pasar una semana encerrada allí. ¿Qué tres cosas te llevarías y qué tipo de huésped conseguiría sacarte de quicio antes de la primera noche?
Voy a ser muy clara. No pasaría una semana en el Hotel Tournesol. Pero si no me quedara otra opción y fuera como mi protagonista, en ese momento de vida o muerte, me llevaría un arma, un espray de pimienta y algún tipo de geolocalizador de estos que van más allá del GPS normal, para que las personas sepan, mis personas de confianza sepan dónde estoy.
Y, ¿sabes? Yo creo que el tema de los huéspedes… No me molestaría ninguno en especial. Me parecerían personas así un poco llamativas, pero, por lo que sea, me gustan todos los tipos de artistas y me gusta que cada uno tenga una personalidad muy diferente.
Me molestarían los trabajadores, los odiaría, por ser terriblemente falsos, en especial los dueños, y por poner esa buena cara siendo luego, pues, una persona quizás no tan agradable.
9- Imagina que uno de los huéspedes consigue salir vivo del Hotel Tournesol y decide dejar una reseña de una estrella en Google. ¿Qué crees que escribiría? Y, sobre todo, ¿cómo responderían los propietarios para intentar quedar bien?
Joder, me encanta esa pregunta. Vamos a hacerlo con un lenguaje muy actualizado, generación Z. No vamos a ponernos con tecnicismos, porque todos los huéspedes, o la mayoría, son muy jóvenes.
Un huésped cualquiera, no le pongamos nombre para no revelar ningún misterio, diría… Le pondría un dos. De hecho, no pondría una estrella, sino dos.
Y diría así:
«Una experiencia muy rara. El hotel es muy bonito, está bien cuidado, huele bien y la comida es buena. También he conocido a otros residentes que son muy simpáticos. Le pongo dos estrellas porque, cuando caminaba por el pasillo de la segunda planta, sentía que alguien me miraba y, al darme la vuelta, veía una especie de sombra que no me apartaba la mirada. Eso es raro. También, por alguna razón que desconozco, las cosas se movían solas y se oían ruidos extraños en la tercera planta. La verdad es que creo que el hotel necesita, de forma rápida, una especie de exorcista para que saque a este demonio que parece vivir dentro tan cómodamente. He pasado miedo, la verdad. No repetiría».
Y puede que la respuesta de los dueños del hotel sea algo así como:
«Estimado X: Lamentamos mucho esta terrible experiencia que ha acontecido y estamos trabajando en resolverlo. Muchas gracias. Vuelva cuando quiera».
O sea, se quedarían totalmente sin más. No hablarían de lo que va realmente la reseña. Pedirían disculpas y dirían que lo están resolviendo. Mentira, no están resolviendo nada.
Pero sería muy largo de explicar quiénes son esas sombras y la verdad es que ellos tienen cosas más importantes de las que preocuparse.

10- ¿Qué aspectos de nuestra sociedad has querido reflejar o cuestionar a través de tus historias? ¿Hay algún mensaje que te gustaría que los lectores se llevaran después de cerrar tus libros?
Por supuesto. Yo creo que las dos novelas se parecen bastante en el tema de la crítica. En una es más fuerte un pensamiento que otro.
Por ejemplo, para La quinta estrella, lo que me gusta tener en consideración es el tema de que no hay nadie superior a nadie. Que un sistema de poder, alguien que diga que hay personas que están arriba y hay personas que están abajo, es totalmente una creación humana.
Las personas somos todas igualmente válidas y, de hecho, nuestra validez va en base a lo que nosotras hacemos, y no a dónde nacemos ni en qué ambiente nos criamos.
Y digamos que para Hotel Tournesol he querido tocar muchos palos también, pero me he querido ir más a que esta vida no está hecha para el arte.
El mundo humano es capitalista, consumista y va demasiado rápido, y no apreciamos las pequeñas cosas y lo bonito que creamos los humanos.
En todas es igual de importante la humanidad, el ser un ser vivo y que eso sea suficiente razón para ser respetado.
11- Escribes terror y thriller, así que tengo que preguntarlo: ¿qué cosa absolutamente ridícula te da miedo en la vida real? Porque sería maravilloso descubrir que la autora de Hotel Tournesol le miedo una cucaracha.
Esta, yo creo que es la mejor pregunta que me han hecho jamás en una entrevista. Precisamente porque, como tú dices, es lógico pensar que alguien que escribe terror y puede inventarse escenas tan oscuras, pues digamos que sea una persona para todo lo demás más valiente.
Pero aquí viene el hecho de que yo tengo miedo a cosas muy tontas. Vamos de más tonta a menos tonta.
La más tonta son los ascensores. No puedo utilizar ascensores, incluso si hay que subir a un sexto piso. No puedo, me dan pánico. Meterme en una máquina que se cierra completamente, en la que no hay forma de ver el exterior, o incluso si hay forma de verlo, peor aún, me llena de agobio. Imposible para mí.
Me dan miedo todos los bichos, desde la arañita más pequeñita, mucho menos una cucaracha. ¡Dios mío!
Y el que más lógico es, pero que igualmente puede ser un poco tonto, es que me da miedo cualquier proceso burocrático. Lo cual es gracioso porque, para ser autopublicada, hay que pasar por muchos procesos burocráticos para hacerlo correcto, claro.
Y la cosa es: he pasado por ellos y los he hecho bien. No he tenido ningún problema, porque sabemos leer, sabemos entender lo que a una le preguntan.
No es tan lógico pasar miedo por algo que luego se te hace sencillo, pero es algo que no puedo evitar.
12- Vamos a quitarle un poquito de romanticismo a esto de publicar libros. ¿Cuál ha sido tu momento de «quién coño me manda a mí meterme en esto»?
La maquetación. Fin de esta conversación.
No los procesos burocráticos, no el ISBN, no el depósito legal, no el Registro de la Propiedad Intelectual. No.
Ni siquiera Amazon como tal, que es donde yo he publicado. Bueno, Amazon me recordaba los fallos por los cuales la maquetación no podía imprimirse.
No sé sobre maquetación y, al ser autodidacta y meterme en, digamos, este fregado… ¿Quién me manda a mí a maquetar un libro?
Es terrible, no la entiendo, nunca la he entendido y, a partir de mi experiencia terrible no entendiéndola, he pasado a contratar profesionales.
Porque he estado a punto de rendirme por, simplemente, la estética interior de un libro. Parecerá una tontería, pero es terrible.
Y cualquier persona que no sepa maquetar y se haya autopublicado me dará la razón.
13- ¿Qué has descubierto del mundo editorial que te habría gustado saber antes de publicar? Puede ser algo bonito, decepcionante o directamente surrealista.
Pues es realmente una mezcla entre bonito y decepcionante, como tú dices.
Siempre he pensado que autopublicar era la última opción, lo que haces cuando ya no te quedan opciones porque el mundo editorial te rechaza. Porque al mundo editorial ya no le interesa el talento individual, le interesan personas relevantes con las que ganar dinero, a costa de libros que han escrito ellos o puede incluso que no.
Pero, a la vez, lo que resulta bonito es ver que existen autores, más o menos relevantes, eso es secundario, para los que autopublicar es su primera opción.
Porque autopublicar es un mundo muy difícil, pero muy bonito, en el que tú eliges cada cosa.
Es mucha responsabilidad, pero a la vez es pensar: tú eliges cada cosa. Tú eliges qué dejar, qué quitar de tu manuscrito. Tú eliges el diseño, tú eliges la fecha, tú eliges la hora, tú eliges qué se regala con el libro y qué no.
Me parece precioso que cada vez más autores tomen la autopublicación como la primera opción, porque eso hace que en el futuro seamos igual de relevantes que el mundo editorial tradicional, que es realmente lo que le hace falta a esta sociedad: que los autores autodidactas tomemos la importancia que nos merecemos.
14 – ¿Qué es lo más bonito que te ha traído la literatura y que no tiene absolutamente nada que ver con vender libros?
Bueno, no sé si Regina me va a permitir hacer este audio, responder de esta manera a esta pregunta, pero decir que ella, aquí presente, es una de esas cosas bonitas que me ha traído el mundo de la literatura, que no se paga con dinero.
Y es otras autoras. Otras personas como yo, con pasiones parecidas, con gustos puede que totalmente opuestos y formas de escribir muchísimo más diferentes, pero que terminan en un sueño en común que va mucho más allá del dinero.
Nadie está en la escritura para ganar dinero. Estamos aquí porque nos une una necesidad de contar, una necesidad de transmitir cada uno lo que nos ronda la mente.
Y ese tipo de conexiones, el compartir un arte, tener un arte en común, creo que es un tipo de conexión que no se puede llegar a explicar lo intensa que puede llegar a ser.
Aunque soy una persona muy introvertida y me cuesta, en general, relacionarme, pero en general, no de forma selectiva realmente, veo que es muy sencillo y muy intenso poder conectar con autoras como tú.
Porque, aunque luego tengáis un mundo de diferencias en los pequeños detalles, os une la misma pasión.
Bueno, Rocío, se suponía que esta entrevista iba a ser un poquito gamberra, con preguntas para ponerte en algún que otro aprieto, y resulta que has terminado emocionándome. Eso no estaba previsto, que conste.
Gracias por prestarte a este interrogatorio, por responder con tanta sinceridad y por dejarnos conocer a la persona que hay detrás de tus historias. Y, especialmente, gracias por esas últimas palabras. El cariño es mutuo, aunque después de algunas de mis preguntas tengas motivos para ponerlo en duda.
Y a quienes habéis llegado hasta aquí, espero que hayáis disfrutado conociendo a Rocío. Si todavía no conocéis sus novelas, os invito a descubrir La quinta estrella y Hotel Tournesol.
Nos vemos en la próxima entrevista de Vuena. Prometo seguir haciendo preguntas incómodas, pero no prometo que los invitados salgan indemnes.
